AG Medios Noticias de Puebla

Sharenting en México: cuando compartir deja de ser inocente

  • diciembre 7, 2025
  • 4 min read
Sharenting en México: cuando compartir deja de ser inocente

Por Osvaldo Hernández Olivera
Abogado en Derecho Informático | Opinión Legal sobre Tecnología y Futuro .

En fechas recientes, la Comisión de Protección de Datos de Irlanda lanzó la campaña «Pause before you post», advirtiendo sobre los riesgos reales de compartir datos de niños y adolescentes provenientes de las publicaciones de los propios padres, que podrían volverse insumos para sistemas de Inteligencia Artificial o peor aún, para foros criminales.

En México, la práctica de compartir imágenes, videos y anécdotas de menores en redes sociales —conocida como sharenting— se ha normalizado al punto de parecer una extensión espontánea de la vida familiar. Lo que comenzó como un gesto afectivo y cotidiano hoy exige una reflexión más profunda, en un contexto donde la información personal circula con velocidad y permanencia difíciles de medir. El impulso de documentar la infancia no es nuevo; lo novedoso es la escala y la exposición.

En un país donde el uso de redes sociales supera ampliamente la media global, muchos padres publican sin considerar que cada foto, uniforme escolar visible o ubicación compartida construye una huella digital que los menores no eligieron. Esa huella, en muchos casos, será el primer registro público de su identidad.

Una identidad digital anticipada.
En términos simples, el sharenting adelanta un proceso que debería corresponder al menor en su debido tiempo: decidir qué versiones de sí mismo desea mostrar. Publicar imágenes íntimas, vulnerables o simplemente inocentes sin el consentimiento del niño puede generar tensiones futuras. Lo que hoy provoca ternura o risa podría convertirse en una incomodidad o incluso en un obstáculo para su desarrollo social o académico. La identidad digital no desaparece: se acumula, se replica y con frecuencia, se descontextualiza. La permanencia del contenido es un factor que muchos padres no dimensionan hasta que el menor crece y enfrenta las consecuencias de decisiones que no tomó.

Riesgos incrementados en un país con desafíos de seguridad.
México presenta un entorno particularmente delicado; la publicación de fotografías con insignias escolares, direcciones reconocibles o rutinas diarias puede brindar información valiosa para quienes buscan aprovecharse de ella; desde el robo de identidad hasta la reutilización no autorizada de imágenes, los riesgos abarcan tanto el ámbito digital como el físico. Diversos expertos en ciberseguridad advierten que la sobreexposición de menores facilita la creación de perfiles falsos, operaciones de ingeniería social y la circulación de imágenes en espacios donde los padres jamás imaginaron que podrían terminar. No se trata de alarmismo, sino de entender el ecosistema en el que se comparte.

El marco legal: entre derechos y responsabilidades.
En la legislación mexicana, se reconoce con claridad el derecho de niñas, niños y adolescentes a la privacidad, a la protección de su identidad y a preservar su imagen en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, que sostiene que cualquier decisión que les afecte debe atender al interés superior del menor, principio que también aplica al ámbito digital. Aunque no existe una norma específica sobre sharenting, sí hay lineamientos que obligan a los adultos a resguardar la integridad del menor. Una publicación descuidada podría, en ciertos casos, derivar en responsabilidades civiles o administrativas, especialmente cuando se evidencia daño o afectación.

Hacia una cultura de publicación responsable.
Promover el uso consciente de las redes no implica renunciar a documentar la vida familiar; significa hacerlo con criterio. Algunas recomendaciones ampliamente aceptadas por especialistas incluyen:

  • Resguardar datos sensibles: evitar mostrar uniformes, placas, direcciones o rutinas en tiempo real.
  • Evaluar el contenido emocional: no publicar imágenes que puedan resultar vergonzosas o invasivas en el futuro.
  • Fomentar el consentimiento progresivo: cuando el menor pueda opinar, integrarlo en la decisión.
  • Preferir entornos privados para compartir momentos familiares.
    Estas acciones contribuyen no solo a la protección del menor, sino a la construcción de una cultura digital más reflexiva.

El sharenting no es un fenómeno aislado; es un espejo de cómo entendemos la crianza y la tecnología en México. La línea entre compartir y exponer es delgada y cruzarla puede tener implicaciones duraderas para quienes menos pueden defenderse. Reconocer ese riesgo no significa eliminar la presencia digital de la infancia, sino asumirla con responsabilidad. En un entorno donde la información es permanente y la seguridad es un tema central, la prioridad debe ser clara: proteger la identidad de los menores con el mismo cuidado con el que protegemos su integridad fuera de internet.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *