Buscan llevar la cocina poblana del fogón al motor turístico
El diputado Miguel Márquez Ríos puso sobre la mesa una idea sencilla, pero con filo económico: convertir la gastronomía en política pública turística. Para ello presentó un punto de acuerdo que exhorta a Ayuntamientos y Concejos Municipales a coordinarse con la Secretaría de Desarrollo Turístico y activar campañas permanentes de promoción del turismo gastronómico.
La lógica es clara: los platillos no solo se comen, también generan derrama. La propuesta parte de que la cocina local puede ser un eje estratégico para el desarrollo sostenible de las economías municipales, sobre todo en regiones donde el turismo sigue siendo una promesa mal explotada.

En su argumentación, Márquez Ríos recordó que la gastronomía de Puebla no es adorno cultural, sino identidad reconocida dentro y fuera del país. Mole poblano, chiles en nogada, cemitas, molotes, chalupas, pelonas, tamales de tlanextle, barbacoa de hoyo, pan de queso de Zacatlán, café de Cuetzalan y dulces tradicionales como las tortitas de Santa Clara o los muéganos de Tehuacán integran —dijo— un patrimonio que merece algo más que aplausos: estrategia, difusión y mercado.
El exhorto también subraya que la riqueza turística del estado, desde sus Pueblos Mágicos hasta zonas arqueológicas y el Centro Histórico de Puebla, requiere una articulación real entre cultura, turismo y economía local.








