Intento de descarrilar a Ramírez Mantilla falla: exhiben comprobantes y acusan maniobra desde la cúpula de la CMIC
Pagos acreditados, señalamientos de parcialidad y una elección que huele más a control que a democracia interna.
Alonso Nava
En Puebla, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) presume ser la casa de todos los constructores. Sin embargo, en los pasillos del gremio la consigna empieza a mutar con ironía: “la Cámara de la Constantini”. La frase no surge del ingenio popular sino del malestar que crece entre afiliados ante un proceso interno que, lejos de abrirse, parece cerrarse sobre sí mismo.

El episodio más reciente gira en torno a la planilla “Liderazgo que une”, encabezada por José Luis Ramírez Mantilla, a la que se intentó sacar de la contienda bajo el argumento de presuntos adeudos del dos al millar. La jugada, sin embargo, no cuajó.
Documentación oficial de la propia CMIC Puebla acredita que la empresa vinculada a Ramírez Mantilla sí cumplió con las aportaciones obligatorias, mismas que fueron retenidas y facturadas, con estatus vigente y sin adeudos federales. En los hechos, el señalamiento quedó sin sustento administrativo.

La lectura política
Entre constructores consultados, la interpretación es otra: no fue un error, fue un intento. Un intento de descarrilar por ventanilla a un contendiente incómodo y reventar la elección para activar una salida estatutaria que permitiría al actual presidente, Gustavo Vargas Constantini, mantener el control de la cámara como dirigente interino por un año más.
Las críticas no se quedan ahí. Fuentes internas señalan que la operación buscaría inclinar la balanza en favor de Raymundo del Valle Lafont, en un proceso donde la imparcialidad institucional estaría comprometida desde la presidencia misma.


El ruido que incomoda
A este escenario se suma un rumor persistente —no documentado, pero reiterado entre empresarios del sector— sobre un supuesto visto bueno político desde la Secretaría de Infraestructura estatal, encabezada por José Manuel Contreras. No existe confirmación oficial, pero la versión corre con fuerza entre constructores medianos y pequeños, los que rara vez pisan las grandes ligas de la obra pública y que hoy observan el proceso con escepticismo y hartazgo.
Lo que está en juego
Más allá de nombres y planillas, el fondo es claro: si la elección se cae, no se caerá por falta de candidatos, sino por exceso de control. Y si la CMIC Puebla quiere seguir llamándose la casa del gremio, tendrá que demostrarlo con reglas claras, piso parejo y menos maniobras.
Por ahora, los documentos están sobre la mesa. Y esta vez, la aritmética del dos al millar no alcanzó para borrar una candidatura.







