El banco lo sabe, tú no: ¿Quién paga los fraudes digitales?
Por Osvaldo Hernández Olivera
Abogado en Derecho Informático | Opinión Legal sobre Tecnología y Futuro.
Cuando un cliente de Puebla descubre cargos que jura no haber hecho, el banco tiene todos los registros y él no tiene ninguno. La Suprema Corte ya dijo quién debe probar. El problema es que casi nadie lo sabe.

Una señora del centro de Puebla revisa su estado de cuenta y descubre algo aterrador: tres transferencias que no reconoce por 120 mil pesos. Llama al banco y la respuesta es de manual: le dicen que el sistema funcionó sin anomalías y que se usaron sus credenciales. Entre líneas, la culpan a ella, insinuando que compartió sus contraseñas o cayó en un fraude. En este escenario, el banco tiene todos los registros informáticos (logs); el cliente, absolutamente nada. Ante este desequilibrio radical, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ya dictó sentencia sobre quién debe comprobar el fraude, pero pareciera que la respuesta no llega a las sucursales bancarias de Puebla.
El criterio de la Corte es contundente: cuando un usuario desconoce un cargo en su banca en línea, es la entidad financiera quien debe acreditar que sus sistemas de seguridad no fueron vulnerados y que las credenciales se usaron correctamente, no al revés. Exigirle al usuario que pruebe cómo falló un sistema al que no tiene acceso técnico es simplemente pedirle que vuele. La razón de fondo es puramente tecnológica. Los servidores del banco registran cada paso: tu IP, dispositivo, geolocalización, intentos fallidos y desviaciones de tus patrones habituales.
Ante esta asimetría, el Derecho aplica la doctrina de las cargas dinámicas de la prueba: quien está en mejor posición para demostrar un hecho, tiene la obligación legal de hacerlo.
Sin embargo, la práctica bancaria en Puebla sigue apostando por la desinformación. Las instituciones responden con negativas genéricas («se realizó con sus credenciales») sin desglosar metadatos, mientras la Condusef Puebla acumula miles de quejas anuales de este tipo. Muchos clientes ignoran que pueden exigir un análisis técnico de los registros o recurrir al amparo si el banco oculta la información.
El banco construyó el laberinto y tiene el mapa, pero prefiere decir que el usuario se perdió solo. La próxima vez que sufras un cargo no reconocido, no aceptes la primera negativa como respuesta definitiva: presenta tu reclamación formal exigiendo expresamente los registros de autenticación. Si el banco no los muestra o no puede probar que su sistema fue infalible, la ley está de tu lado. El usuario no está solo; solo está desinformado.







