La fábrica de iniciativas que no legisla
Directo y Sin Escalas, Por Gerardo Herrera
En el Congreso de Puebla parece haberse instalado una competencia absurda: gana quien presenta más iniciativas, aunque pocas lleguen a convertirse en leyes. Se presume el volumen como si se tratara de productividad industrial. Pero legislar no es fabricar documentos ni acumular fotografías en tribuna.

Alguien tenía que decirlo y lo hizo Pável Gaspar Ramírez, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política: las iniciativas deben ser viables y su calidad importa más que la cantidad. Una observación elemental que, viniendo de quien conduce el Congreso, también constituye un reconocimiento de que algo no está funcionando.
Las cifras son incómodas. La actual Legislatura registra 2 mil 299 iniciativas presentadas y apenas 390 aprobadas: 17 por ciento. Las otras mil 909 no tienen aprobación reportada. Un volumen impresionante para los informes personales, pero mucho menos convincente cuando se examinan los resultados.
La comparación histórica exhibe el contraste. Entre 2014 y 2018, la LIX Legislatura consiguió aprobar el 42.5 por ciento de sus iniciativas; la LX, entre 2018 y 2021, alcanzó el 33.9 por ciento. La LXI cerró con 26 por ciento. Aunque los periodos no son idénticos y el actual todavía no concluye, la tendencia merece una explicación.
El problema tampoco es nuevo. Desde 2024, un estudio de la UPAEP advirtió que las iniciativas individuales tenían una aprobación mucho menor que las construidas colectivamente. Dicho de otra manera: sobran protagonismos y falta trabajo legislativo de fondo.
Y es que algunos diputados parecen legislar para sus redes sociales, sus informes de actividades o sus aspiraciones electorales. Cada propuesta merece un boletín, una fotografía y una declaración. Pero pocos explican qué ocurrió después, cuánto costaría aplicarla o qué problema concreto resolvería.
Presentar iniciativas es una obligación legítima del legislador. Lo cuestionable es convertirlas en espectáculo estadístico mientras las comisiones acumulan expedientes. La simulación comienza cuando se confunde presentar con resolver.
Pável Gaspar puso el dedo en la llaga. Ahora le corresponde demostrar que su crítica no quedará en otra declaración para la prensa. Porque también sería una contradicción presumir productividad y, al mismo tiempo, administrar una montaña de propuestas sin resolver.
En política legislativa, más no siempre significa mejor. Y una buena ley vale mucho más que cien iniciativas destinadas a dormir en la congeladora.
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