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Ataque bajo cero: El ciberterrorismo que pudre la comida y el laberinto legal en México

  • noviembre 2, 2026
  • 3 min read
Ataque bajo cero: El ciberterrorismo que pudre la comida y el laberinto legal en México

Por Osvaldo Hernández Olivera
Abogado en Derecho Informático | Opinión Legal sobre Tecnología y Futuro

Imagina llegar a tu turno en el supermercado y que te reciba un olor insoportable a carne podrida mezclado con motores quemados. No es una escena de ficción postapocalíptica; es exactamente lo que vivieron los empleados de 700 tiendas en Francia la madrugada del 12 de octubre. El ya tristemente célebre «Ataque del Frío» no secuestró datos de tarjetas ni exigió rescates millonarios: fue un sabotaje físico, puro y duro.

Hackers, presuntamente respaldados por intereses rusos en esta nueva era de guerra híbrida, se infiltraron en el software de gestión remota de la firma Danfoss; su jugada fue maquiavélica: alteraron los ciclos de desescarche para que los congeladores de gigantes como Carrefour y Monoprix se hornearan a 50 °C durante ocho horas seguidas.

El saldo nos deja montañas de comida a la basura, decenas de millones de euros evaporados y hasta conatos de incendio. Sin embargo, lo que verdaderamente alarma no es la audacia del ataque —que por cierto ya hizo metástasis en Bélgica, Suecia y los Países Bajos— sino la grotesca negligencia corporativa; proteger infraestructura crítica con controladores obsoletos, contraseñas de fábrica y conexiones sin cifrar es dejar la puerta abierta de par en par.

Ahora, aterricemos esta pesadilla. ¿Qué pasaría si este sabotaje golpeara mañana los supermercados en Puebla o en cualquier otra ciudad de nuestro país? El pánico por el desabasto sería inmediato, pero el verdadero infierno se desataría en los tribunales. Frente a un colapso de esta magnitud, nuestro marco jurídico se toparía con una pared: si lo analizamos a la luz de nuestro Código Civil Federal, que regula la responsabilidad civil extracontractual y el riesgo creado, entraríamos en un laberinto procesal.

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Entonces, ¿a quién se le exige la reparación del daño por las toneladas de alimento arruinado y la crisis sanitaria derivada? ¿Al proveedor del software extranjero por no forzar actualizaciones de seguridad o a la cadena de autoservicio mexicana por una omisión inexcusable en su auditoría forense preventiva? En México, donde la infraestructura a menudo opera con tecnología parchada y la cultura de ciberseguridad es reactiva, las aseguradoras buscarían de inmediato clasificar el ataque como un «caso fortuito» o fuerza mayor, lavándose las manos y dejando la factura en el aire.

Francia ya nos dio el aviso: el terrorismo del siglo XXI no necesita detonar explosivos; le basta con un teclado para colapsar la cotidianidad de millones. Es urgente que el sector privado y nuestros legisladores dejen de tratar a la seguridad informática como un gasto opcional. O blindamos nuestras redes y actualizamos el rigor de nuestras leyes o nos preparamos para oler la podredumbre en nuestros propios pasillos.

Más del autor: Cambridge Analytica no fue el último capítulo.