Dolor real, oportunismo barato
Por Rita Sánchez
El sábado pasado, en las inmediaciones de Lomas de Angelópolis, tres personas perdieron la vida. Tres historias truncadas en una zona que presume modernidad, exclusividad y tranquilidad. La escena fue dura. El golpe, directo. Y el enojo social, comprensible.
Horas después comenzó a circular en redes una convocatoria para marchar frente a la Rueda de Angelópolis. El llamado se presentaba como ciudadano, espontáneo, indignado. Hasta ahí, todo bien. Manifestarse es un derecho. Protestar también.

El problema vino después.
Resulta que quienes encabezan la convocatoria no son simples ciudadanos preocupados. Son personajes que han participado activamente con el Partido Acción Nacional, incluso durante campañas como la de Mario Riestra rumbo a la alcaldía. Joan Borbolla Ballescá. No es un secreto menor. Es información pública.

Ahí es donde el asunto cambia de tono.
El coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, lo dijo con claridad: que los ciudadanos se manifiesten, sí. Que exijan seguridad, por supuesto. Pero que no se escuden en una tragedia para sacar ventaja política. Porque eso ya no es activismo, es cálculo.

La línea es delgada, pero existe.
Por su parte, el rector de la UDLAP Ernesto Derbéz, señaló algo sensato: las marchas expresan el enojo social, pero deben venir acompañadas de propuestas. La indignación sin rumbo termina siendo ruido. Y el ruido es el mejor aliado de quienes buscan reflectores.

Aquí nadie puede negar la realidad: hay preocupación por la seguridad en Puebla. Hay miedo. Hay coraje. Y hay derecho a levantar la voz.
Lo que no se vale es convertir el dolor en plataforma electoral anticipada.
Porque cuando una tragedia se usa como combustible político, el mensaje deja de ser justicia y se vuelve estrategia.
La sociedad no es ingenua. Puede distinguir entre la exigencia legítima y el oportunismo disfrazado de causa noble.
Marchar por paz es válido. Hacer campaña encubierta, no.







