El nuevo rostro de la lucha contra el huachicol
Directo y Sin Escalas, por Gerardo Herrera
¿Quién hubiera pensado que Puebla, el estado que durante años fue símbolo nacional del huachicol, hoy estaría convirtiéndose en uno de los principales referentes en su combate?
Porque hay que decirlo sin rodeos: durante mucho tiempo el robo de combustible no sólo fue un negocio criminal. Fue una industria protegida por redes de poder, complicidades políticas y silencios institucionales.

Los números hablan por sí solos. En los últimos meses se han clausurado cientos de tomas clandestinas, asegurado millones de litros de combustible robado y detenido a 200 personas vinculadas con este delito. Pero lo más importante no son las cifras.
Lo verdaderamente relevante es que comenzaron a caer personajes que durante años parecían intocables.
La captura de Roberto de los Santos de Jesús, mejor conocido como «El Bukanas», marcó un antes y un después. Hablamos de uno de los líderes huachicoleros más importantes del país, cuyo nombre estuvo ligado durante años al control criminal de amplias zonas de Puebla.
Y no es un caso aislado.
Las investigaciones también han exhibido presuntos vínculos entre actores políticos y grupos delictivos. Ahí está el caso de Tania N., suplente de una diputada del PRI, actualmente detenida, además de diversos señalamientos e investigaciones que han alcanzado a autoridades municipales y personajes de la vida pública.
Todo esto ocurre en un estado que conoce muy bien las consecuencias de la impunidad. Basta recordar que fue durante los años de mayor expansión del huachicol en México, particularmente en la década pasada, cuando Puebla se convirtió en epicentro nacional de las tomas clandestinas.
Tepeaca, Acatzingo, Palmar de Bravo, Quecholac, Tecamachalco. Nombres que dejaron de ser solamente municipios para convertirse en símbolos de una crisis de seguridad.
Por eso la reciente explosión en Tepeaca debe entenderse como una advertencia. El problema no ha desaparecido. Sigue ahí. Sigue siendo peligroso. Pero la diferencia es que hoy existe una estrategia que está golpeando donde antes nadie se atrevía.
Tan es así que Pemex reconoció los resultados de Puebla con la entrega de miles de toneladas de material pétreo para obras públicas, un hecho que refleja el impacto de las acciones emprendidas.
La batalla está lejos de terminar. Pero por primera vez en muchos años, Puebla parece estar dejando de ser noticia por proteger al huachicol y comenzando a ser noticia por combatirlo.
Y esa es una diferencia enorme.
Porque cerrar una toma clandestina es importante.
Detener a un líder criminal es todavía mejor.
Pero romper las redes de protección política que permitieron que el huachicol floreciera durante años… eso sí puede cambiar la historia de un estado.
Sígueme en X como @Gerardo_Herrer











