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El pasaje no puede subir… mientras el transporte siga igual

  • mayo 11, 2026
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El pasaje no puede subir… mientras el transporte siga igual

Rita Sánchez

Cada vez que se habla de aumentar el precio del transporte público en Puebla, el argumento es el mismo: subió el diésel, subieron las refacciones, subió el mantenimiento. Y sí, es verdad. Operar hoy una ruta cuesta mucho más que hace diez años. Negarlo sería irresponsable.

Pero también hay otra verdad que millones de poblanos conocen perfectamente: el servicio que recibe la gente no está a la altura de un aumento.

La advertencia que lanzó la secretaria de Movilidad, Silvia Tanús Osorio, es correcta: no puede haber incremento sin unidades nuevas y sin un servicio digno. Ahí está el verdadero fondo del debate. Porque el problema ya no es solamente cuánto cuesta el pasaje, sino qué reciben los usuarios a cambio.

Durante años, buena parte del transporte público poblano operó bajo una lógica perversa: concesiones heredadas, unidades viejas, choferes trabajando bajo presión económica brutal, rutas saturadas y cero incentivos reales para mejorar. El usuario quedó atrapado entre la necesidad y la resignación.

Y eso tiene consecuencias. Puebla sigue teniendo rutas donde viajar significa subir a unidades deterioradas, sin accesibilidad, sin ventilación adecuada, con asientos destruidos, operadores agotados y, en algunos casos, condiciones que rozan el riesgo vial. La realidad cotidiana contradice cualquier discurso de modernización.

Sí, Puebla tiene una de las tarifas más bajas del país. Pero también es cierto que el ciudadano promedio ya vive asfixiado: gasolina, renta, comida, agua, luz, medicamentos. Para miles de familias, un aumento de dos o tres pesos diarios por persona termina representando cientos de pesos al mes. No es un ajuste menor. Es dinero que sale de la comida o del gasto escolar.

Por eso el gobierno estatal tiene una decisión delicada enfrente. Si autoriza un incremento sin exigir cambios reales y verificables, cometería un error político y social enorme. Sería mandar el mensaje de que primero se protege al concesionario y después al usuario.

La clave está en el orden de los factores: primero renovación, después aumento. Primero unidades dignas, cámaras, accesibilidad, capacitación, rutas eficientes y condiciones de seguridad. Después se puede discutir una tarifa distinta.

Porque el ciudadano sí entiende algo fundamental: nadie se opone a pagar más por un servicio mejor. Lo que ya no tolera es pagar más por exactamente lo mismo.

Y Puebla ya llegó al límite de esa paciencia.