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El verdadero latido del Hospital Itinerante 5 de Mayo

  • septiembre 20, 2026
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El verdadero latido del Hospital Itinerante 5 de Mayo

Por Ana Celia Lara

Hoy vamos a dejar a un lado temas políticos, que si la maestra Laura Artemisa regresa al Congreso del Estado, o que si Gaby «La Bonita» Sánchez sigue en ascenso, o que si Ana Teresa Aranda ya anda otra vez en las andadas en busca de «algo» en la interna de su parrido.

No.

En esta ocasión abordaré un tema de interés social, por los beneficios que está brindando en materia social y de salud.

Y es que me atrevo a decir que la presidenta del patronato del Sistema Estatal DIF, Ceci Arellano tuvo el tino de impulsar el Hospital Itinerante 5 de Mayo.

La puesta en marcha de este modelo médico no es una cifra más en los boletines oficiales, es un acto de justicia social.

Es una obra monumental que costó 41 millones de pesos, tiene 210 metros cuadrados de superficie y es el más grande de su tipo en Latinoamérica.

Lo verdaderamente esperanzador es el propósito humano detrás del metal y las ruedas, pues devuelve la ilusión y ganas de vivir a quienes han perdido la vista y que por falta de recursos no se han sometido a algún tratamiento.

Este hospital móvil no espera a que el enfermo colapse en su pobreza o lejanía; sale al encuentro, pues lleva cirugías de cataratas para devolver la luz a las miradas cansadas tendiendo un puente humanitario que complementa la labor de instituciones como el IMSS, el ISSSTE y el ISSSTEP.

Y el impacto se multiplica al involucrar a las nuevas generaciones, es decir los estudiantes de la Universidad de la Salud del Estado de Puebla (USEP).

Quienes pisan este quirófano no solo aprenden medicina avanzada, aprenden empatía al atestiguar que la vocación médica solo tiene sentido cuando atienden las necesidades del pueblo.

Solo este fin de semana se llevó a cabo la segunda jornada de cirugías gratuitas en la que más de 500 personas fueron beneficiadas.

Con el anuncio de un segundo hospital itinerante para el 2027, Puebla demuestra que cuando la infraestructura pública se sacude la comodidad de los escritorios, la política deja de ser promesa para convertirse en el arma más poderosa contra la desigualdad. Ni Más Ni Menos

Hasta entonces…

Ana Celia Lara
anacelialara@hotmail.com