Entra en vigor el nuevo salario mínimo en México: recuperación histórica del poder adquisitivo
Alonso Nava | Ciudad de México.— A partir de este día entró en vigor el nuevo salario mínimo en México, marcando un punto de inflexión en la política laboral y económica del país. De acuerdo con cifras oficiales, el salario mínimo ha registrado una recuperación acumulada del 154 por ciento en su poder adquisitivo desde 2018, un avance que no se observaba en décadas y que impacta directamente en millones de trabajadoras y trabajadores.
Durante gran parte del siglo XX y principios del XXI, el salario mínimo en México perdió valor de manera sistemática. Entre los años ochenta y 2018, su poder de compra se erosionó a tal grado que dejó de cumplir su función constitucional: garantizar condiciones mínimas de bienestar para una familia. Durante años, el salario mínimo fue utilizado como ancla inflacionaria, sacrificando el ingreso de la clase trabajadora a cambio de estabilidad macroeconómica.

El cambio de rumbo comenzó en 2019, cuando la política salarial se reorientó para recuperar gradualmente el ingreso real de los trabajadores, a través de incrementos anuales por encima de la inflación, avalados por la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Esta estrategia rompió con el paradigma de contención salarial y colocó al trabajo en el centro del modelo económico.
En términos económicos, la recuperación del salario mínimo ha tenido efectos relevantes: fortalecimiento del consumo interno, mejora en el ingreso de los hogares con menores recursos y una reducción progresiva de la pobreza laboral. Contrario a los pronósticos más pesimistas, los incrementos no detonaron una espiral inflacionaria ni una pérdida masiva de empleos, lo que reforzó el argumento de que salarios dignos y estabilidad económica no son excluyentes.

Para las y los trabajadores, el aumento representa algo más que una cifra: significa mayor capacidad para cubrir necesidades básicas como alimentación, transporte, vivienda y educación. En regiones como la frontera norte, donde el salario mínimo es diferenciado, el impacto ha sido aún más visible en la dinámica laboral y comercial.
La entrada en vigor del nuevo salario mínimo consolida así un giro histórico en la política laboral del país. Aún persisten retos —como la informalidad y la desigualdad regional—, pero la recuperación del ingreso mínimo marca un avance tangible en la dignificación del trabajo y en la reconstrucción del poder adquisitivo de millones de familias mexicanas.








