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Famosas… pero no respetadas

  • agosto 3, 2026
  • 3 min read
Famosas… pero no respetadas

Por Rita Sánchez

Hay una enorme diferencia entre hacerse viral y hacer historia.

Las diputadas locales Nay Salvatori y Graciela Palomares acaban de descubrirla de la peor manera.

Lo que comenzó como un intento de hacer humor en un podcast terminó convertido en un escándalo nacional. Sus expresiones hacia las personas adultas mayores —»huelen a baúl», «tienen la piel delgadita», «se andan pudriendo»— no fueron interpretadas como una broma, sino como una burla clasista y discriminatoria contra un sector de la población que merece respeto, no ocurrencias.

La reacción fue inmediata. Morena, el partido que las llevó al Congreso, prácticamente salió a marcar distancia. El secretario general, Agustín Guerrero, dejó claro que esos comentarios no representan los principios del movimiento. Poco después, la dirigente estatal Olga Lucía Romero sostuvo que el partido no puede asumir la responsabilidad por las conductas individuales de sus militantes. Finalmente, la dirigencia nacional confirmó que el caso será analizado por la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, que incluso podría determinar su expulsión.

Cuando tu propio partido corre más rápido para deslindarse de ti que para defenderte, el mensaje político es demoledor.

La Comisión de Derechos Humanos del Estado también fue contundente. Consideró insuficientes las disculpas públicas y les pidió capacitación en derechos humanos, además de advertirles que no conviertan su próximo programa en un nuevo episodio de revictimización. Traducido al lenguaje cotidiano: les pidieron aprender lo que cualquier representante popular debería saber antes de asumir el cargo.

Pero el verdadero problema no es un video.

Es la pobreza del trabajo legislativo.

Ambas diputadas son ampliamente conocidas por sus apariciones mediáticas, pero resulta mucho más difícil recordar una iniciativa trascendente impulsada por cualquiera de las dos, o una reforma de fondo que haya cambiado la vida de los poblanos. En cambio, las polémicas se acumulan con una velocidad preocupante. Pareciera que ofrecen más disculpas públicas que resultados legislativos.

Y eso tiene un costo.

Los ciudadanos no pagan impuestos para financiar influencers con fuero. Pagan para tener representantes que legislen, fiscalicen y defiendan el interés público.

En política hay algo más valioso que la popularidad: el respeto.

Porque cualquiera puede hacerse famoso con un video de treinta segundos.

Muy pocos logran construir prestigio durante tres años de trabajo.

Quizá la sanción más dura no venga de la Comisión de Ética de Morena ni de la Comisión de Derechos Humanos.

Llegará el día de la elección.

Y ese día, los adultos mayores —esos mismos de quienes se burlaron— volverán a hacer lo que llevan toda la vida haciendo con enorme dignidad: acudir a las urnas.

La memoria política suele ser mucho más larga que la de las redes sociales.

¿Quién cuida a quienes nos cuidan?

¿Quién cuida a quienes nos cuidan?