¿Justicia social o solo despensas? El SEDIF va por los olvidados del asfalto
Con jornadas de salud y registro a programas, buscan que el gremio de recicladores en Puebla deje de ser invisible para el presupuesto estatal
Dignidad entre desechos: El reto de integrar a los recicladores en Puebla
La capital poblana no se entendería sin el ejército silencioso que recorre sus calles recolectando lo que otros tiran. Finalmente, el SEDIF parece haber tomado nota de esta deuda histórica al entregar apoyos alimentarios y activar jornadas ciudadanas para los recicladores del Centro Histórico. Bajo la batuta de Ceci Arellano y el gobernador Alejandro Armenta, la intención es clara: pasar del asistencialismo de ventanilla a una atención territorial que saque del anonimato a quienes sostienen, en gran medida, la cadena del reciclaje urbano.

Más allá de la entrega de cajas con víveres, lo relevante aquí es la integración a expedientes sociales. Para un sector que agrupa a cerca de 1,300 trabajadores en la zona centro, el verdadero valor no está solo en la despensa, sino en el acceso a aparatos funcionales y servicios de salud que suelen ser prohibitivos para su economía. La directora de delegaciones, Flor Guadalupe Ávila, enfatizó que estas acciones buscan dignificar un oficio que, aunque vital para el medio ambiente, suele operar en los márgenes de la precariedad y la falta de seguridad social.
Este movimiento se da en un contexto donde la administración de Armenta busca consolidar su sello de «gobierno humano», intentando diferenciar su gestión de los operativos de retiro o limpieza social que en sexenios anteriores tensionaron la relación con los recolectores. Al involucrar a la Región Puebla 9, el estado intenta tejer una red que baje directamente a los 217 municipios, emulando la estructura de los programas federales de bienestar para asegurar que el apoyo no se pierda en la burocracia de la capital.

La voz de los beneficiarios, como Trinidad Bruna Sánchez, refleja una realidad cruda: para estos trabajadores, la despensa representa un alivio económico semanal en un mercado donde el precio del PET y el cartón es volátil y a menudo injusto. Sin embargo, el reto para el SEDIF será la permanencia. La comunidad de recicladores no necesita soluciones de una sola jornada, sino una política pública de inclusión que reconozca su aporte ecológico y les brinde una plataforma de seguridad alimentaria constante y no solo bajo el calendario de visitas oficiales.







