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La simulación de Nancy y la mordaza de medio millón

  • junio 19, 2026
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La simulación de Nancy y la mordaza de medio millón

Por Ángela Mercado

En el circo de la política mexicana, la línea que separa al servidor público del payaso dramático siempre ha sido muy delgada. Pero lo que ocurre en Tenancingo, Estado de México, ya no es drama, sino una farsa de horror que golpea directo en el estómago de la gente. El guion que protagoniza la presidenta municipal, Nancy Nápoles Pacheco, parece escrito con un descaro que raya en lo macabro: simular su propio secuestro para supuestamente encubrir un boquete financiero de 40 millones de pesos de las arcas públicas.

La Fiscalía mexiquense no se anduvo con rodeos al desmontar la trama. A través de cámaras de seguridad y más de 130 llamadas telefónicas interceptadas, las autoridades pintaron una estampa demoledora: la alcaldesa bajando de su vehículo por propio pie, sin violencia, guiando a sus «captores» por rutas libres de videovigilancia. Lo más siniestro del libreto es que, según las investigaciones, en la producción del «crimen» participaron activamente su propio esposo y su cuñado, hoy prófugos de la justicia.

La paradoja de la abogada: De la honestidad al asfalto roto

Nancy Nápoles no es una política improvisada que «cayó en la tentación». Licenciada en Derecho con maestría en Administración Pública, exdiuptada local y nada menos que la presidenta del Consejo Estatal de Morena —el órgano de decisiones más poderoso del partido en el estado más poblado del país—, conocía al derecho y al revés el peso de las leyes. En su campaña de 2024, se presentaba con orgullo bajo las banderas de la juventud, la sororidad y, por supuesto, la honestidad.

Hoy, esa retórica se estrella de frente contra la realidad de Tenancingo. Es ahí donde el caso deja de ser un chisme de nota roja para convertirse en una herida humana profunda. Cuarenta millones de pesos no son un dato frío en un expediente penal. Son las calles repletas de baches por las que las familias caminan a oscuras porque no hay presupuesto para luminarias. Son las patrullas que nunca llegaron a vigilar los barrios y los proyectos de agua potable que se quedaron en una promesa de escritorio. Mientras la alcaldesa y su círculo cercano presuntamente diseñaban estrategias contables disfrazadas de delincuencia organizada, los ciudadanos padecían el verdadero abandono.

Si la verdad incomoda, denuncia al periodista

Para rematar la ironía, frente al escándalo y el inminente deslinde de su propio partido —que ya suspendió sus derechos partidarios—, la alcaldesa ha decidido aplicar la clásica estrategia de la intimidación. Lejos de aclarar las 135 llamadas que la vinculan al fraude, Nápoles Pacheco ha arremetido contra los periodistas locales que se atrevieron a cuestionar su versión.

Bajo el argumento de que dañaron su «reputación» y le causaron «daño psicológico», los ha denunciado exigiendo una reparación económica de 125 mil pesos por cada uno. Medio millón de pesos en total es el precio que la funcionaria le pone al silencio de la prensa local. Es el colmo del cinismo: una funcionaria investigada por un desfalco millonario al pueblo, pretendiendo vaciar ahora los bolsillos de quienes ejercen la libertad de expresión para documentar su caída.

El 9 de julio en el banquillo

El próximo 9 de julio será la fecha clave, el día en que Nancy Nápoles deberá presentarse a su audiencia de formulación de imputación. Ella insiste en que todo es una «persecución política» y que la atacan «por ser mujer». Ese escudo, lamentablemente tan desgastado por la clase política, ya no le sirve para tapar el sol.

Si el secuestro fue real, la alcaldesa habrá vivido una pesadilla; pero si las pruebas de la Fiscalía se sostienen, la pesadilla la ha vivido el pueblo de Tenancingo, cuya confianza fue secuestrada y su dinero evaporado. En México estamos trágicamente acostumbrados a buscar personas desaparecidas, pero este caso expone una verdad igual de desoladora: la facilidad con la que los recursos públicos se desvanecen en el aire, mientras quienes juraron protegerlos prefieren mandar facturas de medio millón de pesos a los reporteros que se atreven a preguntar dónde quedó el botín.