Los caprichos también le cuestan a San Pedro Cholula
DOBLE FONDO
Por: Yohan Moreno

Si bien sabemos que administrar San Pedro Cholula no es fácil, tampoco se vale ser ignorantes, la riqueza histórica de Cholula exige más que voluntad o el deseo de dejar una marca personal. Sin embargo, estos pareceres fueron de la ausencia en la reciente decisión de Tonantzin Fernández Díaz presidenta actual del pueblo mágico. A alguien en el ayuntamiento se le ocurrió la fascinante idea de mandar a pintar la fachada de la denominada fachada de este patrimonio histórico justo en plena temporada de lluvias. ¿El resultado? Un desastre a vista de todos los pobladores, turistas y comerciantes, costoso y visualmente lamentable.
Sin embargo, haríamos bien en no perder de vista que la naturaleza no entiende de tiempos políticos ni de prisas por presumir obras. Llovió, como fue, en los tiempos de la temporada y el agua cobró factura inmediata. La pintura fresca de color partidista, aplicada sin respetar los tiempos, técnicos de secado ni el pronóstico del clima, terminó rebotando y escurriéndose. Las históricas columnas de más de 500 años y el piso del zócalo quedaron manchados por un batidillo que parece llorar la negligencia y la prisa de sus autoridades que puso Tonantzin Fernández Díaz.

Más allá de la anécdota viral, hay tres afectaciones graves que esta administración debe explicar:
El daño al patrimonio: Los portales de Cholula no son la barda de un lote baldío que se pinta por capricho y mucho menos del color del partido que emana ahora en su administración. Son el corazón de un catálogo histórico que atrae turismo y da identidad a la región. Permitir que la pintura escurra y manche la piedra original y los pisos por una pésima planeación es una ofensa directa a la historia del municipio.

El doble gasto del erario: Todo capricho mal ejecutado cuesta dinero, y en la administración pública, ese dinero es de los ciudadanos. La pintura que la tormenta se llevó al drenaje ya se facturó. Ahora, el ayuntamiento tendrá que gastar nuevamente no solo en comprar más material y volver a pintar, sino en limpiar el desastre y reparar el daño causado a la estructura original. ¿De qué bolsillo saldrá ese doble gasto? ¿Se le descontará al funcionario que dio la orden o saldrá nuevamente de los impuestos de los cholultecas?
La ausencia de criterio técnico: Es inadmisible que en todo el organigrama municipal no existiera un solo asesor de obra pública, desarrollo urbano o mantenimiento que levantara la mano para decir: «o es que la alcaldesa no acepta opiniones de su equipo?Esto refleja o una incompetencia o un sesgo cognitivo donde se acatan órdenes por inercia o servilismo, sin importar lo absurdas que resulten en la práctica.

Los afectados
A través de distintos videos que ya circulan y exhiben al ayuntamiento en las redes sociales, el saldo de esta improvisación quedó documentado en tiempo real:
El turista salpicado: Uno de los testimonios visuales más indignantes muestra a un visitante quejándose amargamente tras ser víctima de la tormenta de color. La lluvia no solo deslavó las columnas, sino que el escurrimiento cayó directamente sobre él, manchándole la piel y arruinándole el sombrero. En lugar de llevarse una postal de la majestuosidad de la Plaza de la Concordia, este turista se llevó un artículo inservible y una pésima imagen de la negligencia municipal.
La condena ciudadana y comercial: En otros clips, transeúntes y comerciantes locales toman sus celulares para grabar el batidillo en el suelo y cuestionar abiertamente la nula lógica detrás de la obra. Las quejas son unísonas y exponen a una administración que priorizó el capricho sobre el dictado más elemental de la meteorología, demostrando que para la ciudadanía es evidente lo que para las autoridades pasó de largo: no se pinta a la intemperie en plena temporada de tormentas.
Las imágenes y videos que circulan son la radiografía perfecta de la improvisación. Muestran cómo la soberbia administrativa choca de frente contra la realidad climatológica. No importa si la instrucción vino directamente de la presidenta municipal o de un funcionario menor que buscaba agradarme; la responsabilidad final recae en quien lidera el ayuntamiento y en su falta de supervisión.
Hoy, los portales despintados y el piso manchado son un monumento a la falta de planeación. Ojalá que, cuando decidan arreglar este despropósito con una segunda pasada, al menos tengan la decencia de revisar el pronóstico del tiempo.







