“Cuando la política se vuelve cercana”
Por Rita Sánchez.
Hay políticos que viven encerrados en oficinas, creyendo que representar al pueblo significa acumular discursos y fotografías. Y hay otros —pocos— que todavía entienden que la política empieza donde se acaba el escritorio. José Luis Figueroa pertenece a ese segundo grupo.
Lo vi rendir su primer informe legislativo y, más allá de las cifras —26 iniciativas, 18 puntos de acuerdo, 10 exhortos—, lo que llamó la atención fue el tono. No hablaba como quien presume, sino como quien rinde cuentas con la serenidad de haber hecho lo que dijo que haría.

Habló de leyes que tocan la vida de la gente común: la transparencia en los centros laborales, el combate al trabajo infantil, la defensa del empleo digno. Y lo hizo sin alardes. Su trabajo, me queda claro, no ha sido de reflectores sino de territorio. De escuchar, de resolver, de insistir.
Y ahí está su gran bandera: convertir a San Francisco Totimehuacán en el municipio número 218. No es una idea improvisada ni un capricho político. Es un proyecto que lleva años escuchando voces, recabando argumentos, construyendo consenso.

Me impresionó también la dimensión humana de su informe: más de mil 400 personas atendidas en su Casa de Gestión y casi mil 500 gestiones canalizadas. Es decir, mil 500 historias con nombre y rostro. Mil 500 razones para seguir.
Lo escuché decir que “ser diputado no es tener un cargo, sino una causa”. Y pensé que, si esa frase se tomara en serio, el Congreso de Puebla sería otro. Porque cuando un legislador habla de “causa”, lo hace desde un lugar distinto: el del compromiso, no el del cálculo.

Desde su papel como presidente de la Comisión del Trabajo, también ha sabido dar resultados: reformas, programas y acuerdos que hoy benefician a trabajadores, mujeres y jóvenes. Lo hace con esa mezcla de firmeza y sencillez que no abunda en la política local.
Y aún más valioso: defiende la cultura, el arte y el talento poblano. En tiempos de frialdad burocrática, apostar por lo que nos da identidad es casi un acto de resistencia.
No, José Luis Figueroa no es perfecto —ningún político lo es—, pero su manera de ejercer el poder devuelve un poco de fe en la representación. No porque prometa cambiarlo todo, sino porque cumple con lo que está a su alcance, y lo hace de frente.
En un panorama donde la simulación es norma, ver a un diputado que camina, que escucha y que rinde cuentas con humildad, es una bocanada de aire fresco.
Y aunque falta mucho por hacer, su informe deja una certeza simple, casi reconfortante: la política todavía puede ser humana, cuando se hace con corazón.







