México apuesta por la paz: más de 2 mil armas destruidas, pero el reto sigue
Por Angela Mercado
Ciudad de México, 9 de julio de 2025
En un país donde la violencia armada ha dejado una estela de tragedias y luto, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó este martes un acto simbólico que intenta trazar una ruta distinta: el desarme voluntario. En el marco del Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego, la mandataria celebró la entrega voluntaria de 2 mil 135 armas de fuego como parte del programa “Sí al Desarme, Sí a la Paz”.

El acto se llevó a cabo en el atrio de la Basílica de Guadalupe, uno de los puntos más concurridos del país, con la clara intención de enviar un mensaje contundente: la pacificación no vendrá solo desde el combate frontal, sino desde la raíz, con una sociedad que rechace las armas y abrace otras formas de convivencia.
“Las armas no traen seguridad, sino silencio. Y lo que queremos es alegría, felicidad y amor”, expresó Sheinbaum frente a elementos de la Sedena, autoridades civiles, clérigos y ciudadanos que observaban la ceremonia.
La presidenta instó a que el programa —que nació cuando fue jefa de Gobierno de la Ciudad de México— se replique y fortalezca en todos los estados del país, al tiempo que llamó a atender las causas estructurales de la violencia: pobreza, abandono institucional, desigualdad, descomposición social. No es un llamado nuevo, pero sí urgente.

La paz, en cifras
Según datos oficiales, de octubre de 2024 a junio de 2025, la tasa de homicidio doloso en el país habría disminuido un 25%. El gobierno federal atribuye ese resultado a su Estrategia Nacional de Seguridad, basada en cuatro ejes: atención a las causas sociales, consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de la inteligencia, y coordinación interinstitucional.
Pero más allá de los discursos, las cifras del programa de desarme también ofrecen pistas:

- 2,135 armas destruidas (1,585 cortas y 550 largas)
- 200 granadas y 85 mil cartuchos sacados de circulación
- 926 armas decomisadas solo en la capital durante este año
El programa, que es voluntario y anónimo, también tiene un componente simbólico: las armas son destruidas públicamente, y ahora incluso serán transformadas en esculturas por artistas, gracias a una convocatoria anunciada por la Secretaría de Cultura para octubre próximo.
¿Desarme o placebo?
Aunque se trata de una política pública positiva y que claramente ha dado resultados en la capital del país —donde las lesiones dolosas con armas han bajado un 64% desde 2019—, aún persiste la duda de si estas acciones son suficientes ante el volumen real de armamento ilegal que circula en territorio nacional.
Los decomisos, aunque relevantes, apenas raspan la superficie de un problema más profundo: el tráfico de armas desde Estados Unidos, la corrupción en cuerpos policiacos, la expansión territorial de grupos criminales, y la falta de mecanismos efectivos de control y sanción.
Una presidenta con sello propio
Durante el acto, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, calificó a Claudia Sheinbaum como “la presidenta de la paz”. Un título simbólico, sí, pero que la mandataria parece dispuesta a asumir con un enfoque social, pedagógico y estructural.
El general Ricardo Trevilla Trejo, titular de la Sedena, no escatimó en elogios y agradeció a las autoridades civiles, religiosas y a la ciudadanía “por su compromiso con esta política pública de desarme”.
El mensaje detrás del gesto
Destruir un arma en público no detiene una masacre. Pero puede evitar una tragedia doméstica. Sacar un rifle de circulación no tumba a un cártel, pero sí puede salvar una vida. Y si bien el país sigue sumido en una espiral de violencia compleja, sí hay un valor simbólico y práctico en que una administración federal priorice el desarme voluntario como política central.
Lo que falta, como siempre, es que esa voluntad se traduzca en más estados, más recursos, más compromiso… y menos armas.








