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¿Paridad para Puebla o una candidatura con destinataria?

  • septiembre 28, 2026
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¿Paridad para Puebla o una candidatura con destinataria?

Mirada de Mujer, por Ángela Mercado.

La idea de que Puebla tenga una mujer en la gubernatura merece una discusión seria. También merece una pregunta incómoda, aunque formulada sin estridencias: ¿la reforma que se plantea responde a una necesidad de representación o se está pensando para favorecer a alguien en la próxima elección?

Conviene despejar primero un equívoco. Los partidos eligen a sus candidatas y candidatos, pero lo hacen dentro de reglas electorales. Si el Congreso estableciera una condición de género para una elección, no estaría designando a la abanderada de Morena, del PAN o de cualquier otra fuerza. Cada partido conservaría su proceso de selección; lo que cambiaría sería el universo de personas entre las que podría elegir. La autonomía partidista existe, pero debe convivir con el principio de paridad.

Tampoco se trataría de mover una coma en una ley ordinaria. Si la propuesta modifica la Constitución de Puebla, necesitaría el voto de dos terceras partes de los diputados presentes y después la aprobación de la mayoría de los ayuntamientos. Ese requisito obliga, al menos en el papel, a construir un acuerdo más amplio que el de una sola bancada.

Ahora bien, que una reforma pueda tramitarse no resuelve si está bien diseñada. La paridad tiene una razón de fondo: abrir espacios de poder que durante mucho tiempo fueron difíciles de alcanzar para las mujeres. Reducir esa causa a una maniobra electoral sería injusto. Pero usar una causa justa para cerrar una competencia en beneficio de una persona también le restaría fuerza.

Ahí está la prueba política de la propuesta. Sus promotores tendrían que explicar por qué hace falta esta regla en Puebla, por qué debe aplicarse a esa elección y cómo funcionaría después. Una norma pensada para perdurar debería poder defenderse incluso si nadie supiera quiénes aspiran hoy a la gubernatura. Si su principal argumento depende de los nombres que ya están sobre la mesa, la sospecha de una reforma a la medida será inevitable.

Y hay una prueba jurídica. Las legislaturas tienen margen para establecer mecanismos de paridad, pero el alcance de una regla que reserve una candidatura de género dependerá de su redacción concreta y, si se impugna, de lo que resuelvan los tribunales. Declararla desde ahora impecable o inconstitucional sería adelantarse al texto.

Puebla puede discutir cómo garantizar que más mujeres lleguen al poder. Lo que no debería hacer es pedirle a la ciudadanía un voto de confianza a ciegas. Que se publique la propuesta, se expliquen sus efectos y se escuche a quienes podrían competir. Entonces podremos juzgar si estamos ante una regla de paridad con futuro o ante una solución que apareció, curiosamente, cuando ya había alguien esperando beneficiarse de ella.

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