Su identidad no es un chiste: el costo real de ignorar el consentimiento digital en Puebla
Por Osvaldo Hernández Olivera
Abogado en Derecho Informático | Opinión Legal sobre Tecnología y Futuro
Vivimos tiempos raros. En Puebla —como en casi todo México— compartir nuestros datos personales ya se volvió una rutina tan automática como respirar. Abrimos una app, llenamos un formulario, aceptamos términos sin leerlos… y seguimos. ¿Pero qué pasa cuando esa confianza ciega se convierte en la puerta de entrada a un robo de identidad? Pues pasa lo que está pasando: el consentimiento se diluye y la privacidad se nos va de las manos, casi sin darnos cuenta.

Los números que deberían quitarnos el sueño
A ver, no es exageración: solo en 2024, Puebla ocupó el quinto lugar nacional en delitos cibernéticos, con 8,519 incidentes. Eso equivale al 6 % del total nacional. Y entre esos delitos, uno destaca por lo doloroso que puede ser: la suplantación de identidad digital.
Sí, Puebla reportó 1,044 casos —lo que nos coloca en el segundo lugar a nivel nacional en este tema. Y ojo, estamos hablando de personas reales a las que les robaron más que un nombre: les usurparon su identidad digital.

La Policía Cibernética estatal recibió, solo entre enero y septiembre de 2024, 232 denuncias, es decir, unas seis cada semana por robo de identidad. Y la mayoría suceden donde pasamos buena parte del día: WhatsApp.
Y aunque parezca increíble, el phishing aún no está tipificado como delito en el estado, a pesar de que 129 casos ya fueron reportados solo este año, con 75 de ellos solo en la capital. Es como si el delito ya se hubiera mudado a nuestra casa, pero la ley aún no se entera.
Por si fuera poco, la encuesta ENDUTIH 2023 del INEGI reveló que el 18.6 % de los poblanos mayores de 12 años ha sufrido ciberacoso, muchas veces vinculado a suplantación de identidad. ¿Dónde ocurre más? Facebook (53.2 %), WhatsApp (24.9 %) y, en menor medida, a través de llamadas telefónicas (14.6 %).

¿La ley ya se puso las pilas?
Sí… pero con reservas.
En junio de 2025, el Congreso local aprobó reformas importantes: delitos como ciberasedio, espionaje digital y usurpación de identidad ya están tipificados. Incluso hay penas de hasta 15 años de prisión y multas que van de los 169,000 a los 339,000 pesos, según la gravedad del caso.
Pero aquí entre nos, eso es apenas una parte del problema. Porque mientras delitos como el phishing sigan sin estar definidos en la ley, muchas víctimas seguirán topándose con puertas cerradas al momento de denunciar.
No solo se trata de castigar: se trata de entender
Lo que Puebla necesita —además de leyes claras— es un cambio profundo de mentalidad. Porque este no es un asunto exclusivo de policías o legisladores. Esto va de todos nosotros. De cómo nos relacionamos con nuestra identidad digital y cómo entendemos algo tan básico como el consentimiento informado.
Mucha gente aprueba la Ley de Ciberseguridad. Seis de cada diez poblanos la respaldan. ¿Por qué? Porque están hartos de sentirse vulnerables. No quieren discursos, quieren protección real.
La suplantación de identidad no es un juego. Es un golpe bajo a la privacidad, a la seguridad personal y a la confianza en lo digital. Y en los casos más graves, como ocurre con mujeres o menores víctimas de ciberacoso, el daño puede ser devastador.
Las herramientas existen (pero no caminan solas)
La Ley Federal de Protección de Datos Personales (LFPDPPP) ya contempla principios clave: consentimiento, finalidad, calidad. Pero de nada sirven si la ciudadanía no denuncia, si no exige, si no participa.
Las instituciones están obligadas a responder. Pero primero, hay que hacerles la pregunta.
Entonces… ¿qué podemos hacer?
Aquí no se trata de esperar a que “alguien más” arregle el problema. Estas son algunas acciones urgentes:
• Facilitar denuncias digitales. Incluir el etiquetado y tipificación del phishing, y no dejarlo en un limbo legal. • Poner el foco en el sector privado. Que informen con claridad cómo usan nuestros datos y pidan consentimiento específico, no esos contratos eternos que nadie lee. • Lanzar campañas públicas. Enseñar, sin tecnicismos, cómo identificar phishing, smishing, vishing o deepfakes. Porque si lo puedes nombrar, lo puedes detectar.
Y para cerrar…
Puebla está abriendo los ojos, y eso ya es ganancia. Pero hay que actuar antes de que los números sigan creciendo y las víctimas sigan cayendo. Porque nuestra identidad digital no es un chiste, es parte de lo que somos.
Y protegerla no debería ser un lujo, sino un derecho básico.
El consentimiento no puede seguir siendo letra muerta. Es momento de convertirlo en cultura. Una que nos cuide, nos respalde y nos tome en serio.







