Amor por conveniencias

Bitácora, por Fernando Abraján
Morena, PT y PVEM volvieron a jurarse amor político eterno rumbo a 2027. Bueno, eso de eterno será al menos hasta que llegue la definición de las candidaturas.
Los tres partidos acordaron competir juntos en la mayoría de las 17 gubernaturas que estarán en juego el próximo año. Las excepciones (hasta ahora) son San Luis Potosí y Colima, donde el partido del tucán tiene otros planes porque afirma que sus potenciales candidatos ganan solitos. Una de las candidatas, la favorita, por cierto, es la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Falta ver qué sucede en Guerrero y Zacatecas.
La coalición de este trio político presume unidad. Posan juntos en las fotos y hasta iniciaron el mismo día sus procesos internos, pero la verdadera batalla apenas comienza.

Del 22 al 27 de junio arrancó el registro de aspirantes. Más de medio centenar de personajes buscan convertirse en coordinadores de la Cuarta Transformación, una figura que en los hechos es la antesala de las nominaciones oficiales. Por eso es que hay tanto alboroto. Y falta ver cómo se pondrá cuando toque el turno de los coordinadores municipales y distritales. Será una locura.
Para tratar de evitar fracturas y mandar un mensaje de congruencia, Morena impuso nuevas reglas. Los aspirantes deberán acreditar buena fama pública, no tener antecedentes penales, evitar señalamientos por violencia o corrupción y comprometerse a respetar los resultados de las encuestas. Incluso tendrán que firmar que aceptarán el resultado final. Y la más importante es evitar en nepotismo. Todo suena bien. El problema es que en México firmar compromisos políticos suele ser tan efectivo como los propósitos de Año Nuevo.
Y ahí está el verdadero desafío. Veremos si aquellos que no ganen la nominación, aceptan perderla. En público juran institucionalidad y dicen respetar las reglas, a sus líderes y hasta a la presidenta Sheinbaum, pero en la intimidad echan chispas y reparten mentadas para todos cuando ven que las reglas no les convienen.
La muestra de ello es justo lo que está por pasar. Aquellos que no sean seleccionados o que pierdan las encuestas seguramente buscarán otras opciones políticas para cumplir su voluntad: es decir convertirse en candidatos en el 2027 ya sea por una gubernatura, y en su momento por alcaldías o diputaciones y si no es por Morena, será por otro.
Este panorama confirma que la oposición no es el principal riesgo para la alianza oficialista de Morena, PT y PVEM. El mayor peligro está dentro de casa, en los grupos, las corrientes, los egos y las aspiraciones que ya comenzaron a chocar.
Aunque las alianzas ganan elecciones y esos resultados conservan el poder. La pregunta de fondo debería ser las o los elegidos sabrán gobernar y si van a trabajar por el pueblo o solo buscan servirse del pueblo, pues sus hechos y ambiciones eso parece mostrar.
Mientras siguen avanzando los tiempos, tanto Morena, PT y Verde ya preparan su boda electoral. Ahora falta saber si después de repartir candidaturas seguirán tomados de la mano o terminarán peleándose hasta por los recuerditos de la fiesta.
Y lo más relevante es saber qué piensa de todo ello el respetable, es decir el elector.
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