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SCJN contra la inteligencia artificial: la creatividad sigue siendo humana

  • agosto 31, 2025
  • 4 min read
SCJN contra la inteligencia artificial: la creatividad sigue siendo humana

Por Osvaldo Hernández Olivera

Abogado en Derecho Informático | Opinión Legal sobre Tecnología y Futuro .

Hace unos días, La Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió resolver por unanimidad, negar un amparo promovido por un particular que, en 2024, solicitó ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor, el registro de una obra digital generada a través de una plataforma de inteligencia artificial y dicha solicitud fue negado bajo la premisa de que las obras deben ser de creación humana. En términos jurídicos, la resolución de la Corte es clara: las obras creadas por inteligencia artificial no pueden registrarse bajo el régimen de derechos de autor en México; el derecho de autor nace de la persona y su capacidad de plasmar una huella única en lo que crea, protegiendo el derecho vinculado a la creatividad humana. Y, por el momento, las máquinas no son personas.

Pero no hay que confundirse: esto no es solo una discusión de abogados. Detrás de la decisión hay un campo de juego donde se enfrentan intereses económicos, artísticos y tecnológicos. Entonces, la pregunta que nadie quiere responder es ¿ qué va a pasar cuando la “creatividad” de los algoritmos empiece a desplazar a la humana ?

La trampa de lo neutral.
El fallo de la Corte se escucha tranquilizador: “ la creatividad es exclusivamente humana ”. Pero, mientras, las grandes empresas tecnológicas llenan la red de imágenes, textos y canciones fabricadas en segundos con inteligencia artificial. Este material que, dicho sea de paso, se entrena con millones de obras humanas que son tomadas sin permiso ni pago a sus autores. En otras palabras, el pastel se cocina con recetas ajenas, pero el chef dice que no firmará nada. ¿Y quién ganará el juego? Desde luego, que los artistas no.

Un elefante blanco acechando: leyes obsoletas.
El derecho de autor en México está diseñado para un mundo que ya no existe. Funciona bajo la idea de que detrás de cada obra, hay un individuo que plasma su visión única. Entonces ¿cuándo una empresa genere millones de imágenes en un instante, solo podemos decir que ya no hay autoría y fin de la discusión? Esa “neutralidad” solo beneficiaría a las corporaciones, porque les permitiría hacer uso, comercializar y lucrar con el contenido sin tener la responsabilidad de reconocer derechos al creador.

Creatividad en disputa .
El argumento de que la inteligencia artificial no siente ni piensa es correcto, pero no está completo. Lo que no está en juego es si la máquina “ tiene alma ”, sino quién se lleva el crédito (y el dinero) por lo que produce. Hoy la Corte ha cerrado la puerta al registro de estas obras, pero al mismo tiempo, deja abierta la posibilidad de que el mercado siga explotando resultados sin que nadie pueda reclamar derechos, una zona gris perfecta para la tecnología.

Un recordatorio incómodo.
La resolución se limita a decir lo obvio: que la chispa humana no puede replicarse. Sin embargo, evita afrontar el verdadero problema: el vacío legal que permite a plataformas entrenar algoritmos con obras ajenas. Para decirlo mejor: los sistemas de inteligencia artificial están siendo alimentados con una cantidad de información enorme para darnos como resultado, sin temor a equivocarme, versiones baratas de lo que otros ya imaginaron primero.

Lo que no debemos permitir.
El mensaje de fondo debería ser claro: la creatividad humana no es solo un terreno simbólico, es un derecho que debe protegerse frente a quienes pretenden diluirla. Si la Corte realmente pretende defender a los creadores, tendrá que exigir transparencia a las empresas que entrenan inteligencia artificial, sancionar el uso indebido de obras y evitar que lo “artificial” termine reduciendo lo humano a solo una anécdota.

Porque no basta con decir que las máquinas no son autoras. El reto es impedir que su “creatividad” se convierta en el pretexto perfecto para seguir saqueando, en silencio, a quienes sí lo son.

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