El calendario escolar y el choque de realidad en la 4T
Directo y Sin Escalas, por Gerardo Herrera
Algo pasó dentro del gobierno federal que normalmente no debería pasar: la presidenta Claudia Sheinbaum terminó corrigiendo públicamente una decisión anunciada por su propio secretario de Educación, Mario Delgado.
Y cuando eso ocurre en política, casi nunca se trata solamente de un calendario escolar.

La propuesta original era explosiva: adelantar el fin del ciclo escolar del 15 de julio al 5 de junio por la ola de calor y el Mundial de Futbol. Es decir, casi tres meses de vacaciones para millones de estudiantes.
Sí, el argumento climático tiene lógica. Hay estados del norte donde las temperaturas ya son extremas y tomar clases en junio es prácticamente imposible. Pero el problema fue otro: la SEP anunció la medida sin medir el impacto social completo.

Porque de inmediato surgieron las preguntas obvias:
¿Quién cuidará a millones de niños mientras sus padres trabajan?
¿Qué harán las madres trabajadoras?
¿Realmente el Mundial justificaba semejante ajuste nacional?
Y ahí vino el frenón político.

La presidenta entendió algo que quizá en la SEP subestimaron: México no es un país donde la escuela solo educa. Para millones de familias, la escuela también organiza la vida diaria. Es comedor, estabilidad, rutina y hasta espacio de protección.
Mario Delgado dijo algo técnicamente cierto, aunque políticamente peligroso: después de junio muchas escuelas caen en actividades administrativas y baja intensidad académica. Y sí, ocurre. El calendario escolar mexicano arrastra inercias burocráticas desde hace años.
Pero reducir todo a “tiempo muerto” desconecta al gobierno de la realidad de millones de hogares.
Además, el contexto importa muchísimo. México todavía arrastra secuelas educativas graves tras la pandemia: abandono escolar, rezago académico y afectaciones emocionales. Diversos estudios estiman que los estudiantes mexicanos perdieron entre uno y dos años efectivos de aprendizaje después del cierre de escuelas entre 2020 y 2022.
En ese escenario, anunciar menos clases era políticamente muy delicado.
Y luego apareció otra capa todavía más sensible: la carga para las mujeres. Más de 17 millones de mexicanas combinan trabajo y labores de cuidado. Ahí está la contradicción moderna: el Estado critica que la escuela funcione como “guardería social”, pero tampoco existe una red pública suficiente para sustituir ese papel.
Entonces, ¿qué pasó realmente?
Probablemente una mezcla de varias cosas: presión climática real, logística del Mundial, desgaste administrativo del sistema educativo… y un intento del gobierno por replantear un calendario que claramente necesita modernizarse.
Pero el error fue querer hacerlo de golpe.
La buena noticia es que hubo capacidad de rectificar.
La mala es que quedó exhibida una falla importante de coordinación dentro del propio gobierno federal.
Porque si una decisión que afecta a más de 24 millones de estudiantes llegó hasta anuncio público sin consenso suficiente, entonces el problema nunca fue solamente el calor.
El verdadero problema fue la distancia entre el escritorio y la realidad.
Sígueme en X como @Gerardo_Herrer y te espero de lunes a viernes por 105.9 FM SICOM Radio de 7 a 9 AM







